Testimonio de Ramona Cruces

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Qué suerte tuvimos, Madre, aquellos que un día nacimos aquí en nuestro Campanario.

Día a día fuimos creciendo porque Dios así lo quiso sin darnos cuenta a tu lado, hasta que por circunstancias que la vida nos presenta tuvimos que desplazarnos y emigrar a extrañas tierras sin saber dónde y hasta cuándo.

Yo no supe cómo pude soportar aquel dolor, aquí me quedaba todo, mi tierra, mi gente, mi madre y, con ello, mi corazón.

Pero no me marché sola porque en mi pecho tenía a mi otra querida madre que se llama Barranquera y también de Piedra Escrita.

Ella me ayuda a tener siempre vivo el entusiasmo de que por fin volveré a mi tierra tan querida y a estar en mi Campanario.

Por eso yo hoy te pregunto aunque sin alzar mi voz. Escúchame lo que te digo ¿Otros han vuelto a la tierra, cuándo voy a volver yo?

Para con tranquilidad poder cantar tus grandezas y acompañarte siempre en tu gran marco de fiesta y poder decir muy fuerte

¡Viva nuestra Barranquera!
¡Viva nuestra Madre! y ¡Viva la Reina de La Serena!