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Los meses del año – MARZO Y ABRIL (Anastasio Pajuelo Gallardo)

MARZO

Calor de marzo temprano, es para el campo sano.
En marzo la veleta ni dos horas está quieta.
Marzo ventoso y abril lluvioso, sacan a mayo florido y hermoso.
Cuando marzo mayea, mayo marcea.
Marzo marceador, que de noche llueve y de día hace sol.
Marzo marcero, por la mañana rostro de perro, por la tarde valiente mancebo.
En marzo siembra el garbanzo.
Por San  José, el garbanzal ni sembrado ni por sembrar.
En marzo cada gota quita un cuarto.
Agua de marzo es peor que las manchas sobre el paño.
Nieve en marzo vale un dinerazo.
Marzo pardo, señal de buen año.

ABRIL

Agua de abril, si no es torrencial, llena la panera.
En abril, búscale el nido a la perdiz.
En abril, aguas mil.
Las mañanas de abril son largas para dormir.
Mucha flor en primavera, buen otoño nos espera.
Si tienes pan para mayo y leña para abril, échate a dormir.
Abril y mayo, llaves de todo el año.
Abril frío, mucho pan y poco vino.
Abril frío, hincha el silo; mojado, silo y campo.
La niebla en marzo no hace daño, pero la de abril se lleva el pan, el vino y el
barril.
Al fin de abril, la flor de la vid.
Abril sin granizo, Dios no lo hizo.

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Los meses del año – FEBRERO (Anastasio Pajuelo Gallardo)

FEBRERO

En  febrero, un día al sol y otro al brasero.
En febrero busca la sombra el perro, pero a últimos, no a primeros.
Árbol que podó en febrero, tendrá fruto duradero.
Si no lloviere en febrero, ni buen prado ni buen centeno.
Nieve y lluvia en febrero, todo el año ha tempero.
En febrero la castaña y el besugo, no tienen jugo.
Flor de febrero no va al granero.
En febrero sale la lagartija del agujero.
Implore a la candela, o deje de implorar, tres meses de invierno faltan por pasar.
El día de la Candelaria, que llueva o que no llueva, el invierno está fuera, y si
llueve y hace viento, invierno dentro.
Por San Blas la cigüeña verás, y si está cerca el verano más temprano, y si no la vieres mal año esperes.
Por San Blas, una hora más.

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Cartas Feria de abril 2008

Bienvenida a la Virgen de Piedraescrita (Antonio Pérez Carrasco)

 Bienvenida a la Virgen de Piedraescrita

Antonio Pérez Carrasco

«Ayer no más decía», Virgen de Piedraescrita, con el poeta, la vida y la esperanza o escribía con el canto: «¡cuánto te quiero!». Pero no era yo solo, sino la fuerza de unos labios plurales, de un amor colectIvo, de un pueblo entero que te canta.

Esta noche, Barranquera, en el_fulgor de tu solemne entrada, lo volvemos a repetir como una vieja costumbre de abril que cada año reverdece para mirarte con ojos de primavera, con esperanza ilusionada, con asombro de hijos que aman a su Madre y estiran la piel de la madrugada en estos días festivos y verbeneros, con crepuscular vocación de amaneceres, en tu honor, porque contigo saboreamos la ternura de la Piedra, la cultura de lo Escrito, la sabiduría de un corazón que cobijó la Palabra y la desmenuza cada día con un ademán eterno.

Por eso, buscamos tu serena sonrisa de Patrona de Campanario, tu sencilla y campera actitud de Reina de La Serena como entonces… ¿recuerdas?

¡Cómo olvidar aquellas calles en vilo, con desvelo, sin peso, y los engalanados madrugones; las mañaneras nanas de avemarías y rosquillas, cafés y magdalenas; aquellos ratos embutidos de algo, de rezos y cerveza, de fervor y aperitivos, de jamón y versos; las tardes de vela, eucaristías, sainetes, bailes y fiesta hasta la hora de la vuelta para desandar, a tu lado, Madre, la noche serena!

Y, al rato, otra vez el alba en llamas, incendiada de cantos y esperanza, de coplas y fraternidad, de brazos hermanos que se turnan los días, por barrios, como habían hecho los de antaño, remudando nuestra fe, redoblando la alegría, para sacar lo mejor de nosotros mismos, las destrezas y los saberes, la hondura de los sentires, la placidez del amor donado en servicio, con respeto desinteresado.

Días para enmarcar o embotellar, como antes hacían las madres con los tomates, para conservarlos, porque la vida sigue y no podemos alimentamos de nostalgia: las preocupaciones del vivir nos deshojan la alegría, nos desmadejan el ánimo, y los achaques o las enfermedades nos descortezan la esperanza y, claro, así, tan crudita, ya apenas nos ampara.

Por eso, Madre de Piedraescrita, acudimos a Ti, pues sabemos que, detrás de la duda, las sombras del corazón te nombran; cuando algo nos parece imposible, tocamos Piedra; pero tierna y recia como tu nombre, escrito en el fondo de nuestros cimientos, como una herencia de agua y sangre, comunal, eucarística, que nos saca, ­como tantas veces, otra vez a flote.

Y nadamos, aunque sea a contracorriente, porque tu nombre quedó escrito, para nosotros, en la serena piel de la primavera, en el vuelo dulce del pájaro que se lleva el tiempo, que no torna, pero se posa en la risa de los niños, en el sueño núbil de la adolescencia, en el amor alianzado de la juventud y apuntalado en la madurez, en el silencio escarpado – “enriscado”, tradujo alguien a barranquero adjetivo – de nuestros mayores, que azota, ya con escasas y ruinosas defensas, el viento vencido de los años o en la Piedra perenne que te nombra en el vaivén mordido de los siglos.

Quizás por eso, Señora del Guadalefra, prestamos el ramaje de nuestras voces, los cálidos nidos de nuestros sueños, la algarabía de nuestros trinos y las alas blancas de los pañuelos, para poblar de vida y de fe los ausentes árboles de Los Barrancos y cobijarte así en nuestras almas para que Tú siempre nos ampares.

A Ti venimos, Madre:

– con la vaguedad inútil de nuestras debilidades, pero con la seriedad ilustre de nuestro cariño;

– con este loco olvido de nuestros ideales desgarrados, vencidos, pero con los brotes nuevos de otros cansancios recic1ados;

– con esta vana cosecha de nuestras ignorancias vencibles, pero con las hermosas semillas de quienes quieren que la cultura y la fe cuajen hoy en nuestra Serena como enraizaron en la vasta estepa de nuestro antepasados, y así, en cada hijo, en cada hija, que lucha, trabaja y estudia, renazcan para ennoblecer la vida, para guerrear constantemente con la sola arma blanca de la paz y rasgar, sin compasión, la negrura del futuro con la luz de la amistad.

¡Viva la Virgen de Piedraescrita!

¡Felices fiestas!

Campanario, 27 de abril de 2008

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Los meses del año – ENERO (Anastasio Pajuelo Gallardo)

LOS MESES DEL AÑO. Empecemos con enero.

ENERO

En enero, bufanda, capa y sombrero.
En enero, no te separes del brasero.
En enero ni galgo lebrero ni halcón perdiguero.
Por San Antón la gallina pon.
Enero llave de granero.
Cuando nieva en enero, todo el año ha tempero.
En enero el suelo mojado, bueno para el suelo, malo para el ganado.
Quien cava en enero y poda en febrero, tiene buen año de uvero.
Año que hasta el nueve de enero nieva, mucho pan espera.
De enero a enero, el dinero es del banquero.
Hasta San Antón pascuas son, y si quieres más, hasta la Virgen de la Paz.

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